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Cine(Memorias y N..)

Cine

La verdad en las obras de arte es la dignidad del talento.

José Martí

Es algo arriesgado hacer una comparación entre Memorias del Subdesarrollo y Nada, cuando median tres décadas de distancia; pero, según lo visto y apreciado en esa vieja y nueva lista de filmes cubanos, es evidente que nuestro cine ha gestado el vino amargo del cual no podemos prescindir, frustrándonos las expectativas en la mayoría de las veces.

Como toda regla, existen las excepciones, las cuales aportan la otra cara de la moneda, las de la inteligencia, la estética y el buen sentido del humor. Memorias… la primera entre las primeras, y Nada, un raro parecido a esta, o simplemente un intento de serlo. No obstante, esta última, como la primera, es diferente al resto de las otras, su gran mayoría, las cuales apuntan al gran desacierto, quedando a la media entre lo fallido y la mala opción.

El cine no es solamente para la recreación, también lo es para el auxilio del espíritu humano. El espectador como ente apreciativo tiene el derecho a discernir, seleccionando lo válido de lo erróneo. Esta idea nos conduce de las Memorias… a Nada, sin dejar de citar que entre ambas hayan surgido obras de un alto valor estético, social, ético, filosófico e histórico. Ejemplo: Madagascar, Fresa y Chocolate, Lucía, La muerte de un burócrata, La primera carga al machete, Papeles Secundarios, etc; y por supuesto, otra gran lista de filmes que incitan, pero no dicen nada.

Memorias…, Nada y muchos otros modelos mencionados, son en su conjunto el resumen de las obras de talentosos realizadores que bien pueden catalogarse como verdaderos revolucionarios de la creación y el arte cinematográfico. Nombres y hombres que han marcado brechas hacia la ascendencia. Tomás Gutiérrez Alea (Titón), y Juan Carlos Cremata, cada uno en su tiempo y espacio, nos han dado ese hálito de lo diferente inalcanzable alcanzado desde la potencial Memorias… y el intento de vuelo que significa Nada.

como filme, nos hace descifrar el encanto de sus códigos, de su fuerza y misterio siendo siempre vigente y nuevo, refrescante y alusivo, prescindible y sabio, y especialmente, filosófico. Es sólido por la imbricación de su forma y contenido. Indisoluble, cual si toda la magia del arte estuviera dentro de si, y el catalejo visor de Sergio nos llevara de la mano por el inmenso mar de nuestro infortunio, donde la constancia se hace inconstante a la lógica, perdurando en la constancia de la nada cotidiana.

Memorias… es el más grande monumento de la cinematografía nacional, y lo es además del cine en su conjunto, entre otros. Magistral adaptación cinematográfica de Titón, de la novela homónima de Edmundo Dadnoes. Titón, más que un artista o esteta fue siempre el gran sociólogo del cine cubano, quién supo llevar a la pantalla, el momento histórico que vivía la nación en cada una de sus filmaciones. Los extremos ideológicos, el fanatismo y ateísmo religiosos, así como el despertar de un nuevo discernimiento social, cultural y político gestado ya en la conciencia nacional.

Memorias… es un mensaje intelectual, cuando aun persisten las barreras comunes del subdesarrollo, en un mundo donde son más las mentales que las materiales, como fiel retrato de muchos pueblos nuestros donde habita y persiste la irracionalidad en puntos convergentes a la fatalidad geográfica de mentes insulares propias de la maleza de lo real maravilloso de nuestro realismo mágico latinoamericano.

Es como filme, dado sus aciertos técnicos y artísticos, una puerta abierta a un mayor y mejor lenguaje visual, sinónimo de un cine netamente revolucionario en su creación y realización. Hoy, a la vuelta del tiempo, llegamos a la Nada , un filme con aires novedosos en su realización y elementos sutiles en su expresión artística. Nada no supera a Memorias…, pero rompe con la lógica lexical.

Es una involución o disparate compararla con Memorias… pero, Nada deja ver claramente que es algo más que nada, si se compara con otras. Nada puede verse como un lento y atractivo proceso de cambio del cine cubano en este nuevo siglo, dejando atrás una fatídica década, los años 90, que poco aportaron al desarrollo institucional de nuestra filmografía como escuela o modelo referencial.

En Nada como en Memorias… está presente el tema de la emigración, constante en el cine cubano. Fenómeno social arrastrado por el hombre en todas las etapas de su desarrollo. En Nada es presente y evidente, en Memorias… solo es referencial, ya que Sergio, su personaje central inmigra hacia el interior de su propia personalidad en busca de la fortificación de su dignidad, en un exilio forzado por la enajenación del mundo circundante, acción que le ocasiona la muerte como personaje, y a la vez, bajo una rara metáfora, se dignifica humanamente.

Si ambas coinciden como filmes en el problema de la emigración, lo importante es que tal casualidad, sugiere la urgencia de enfrentar el problema con mayor sensatez y análisis, si bien entre ambas se alude de manera sutil y directa, el futura humano del pueblo cubano. En ellos está presente también, aunque visto a destiempo y de forma diferente, la existencia de una nueva sociedad, antónima de todo o casi todo señalamiento pretérito del modelo revolucionario social cubano. Tanto Sergio como Carla Pérez, son el reflejo de un vía crucis en confrontación al medio que habitan, no excentos de cierta complicidad filantrópica. El primero, desde el auxilio de un catalejo y sabio lenguaje subjetivo, va plasmando la realidad, dada su propia reflexión intelectual, de un mundo “patas arriba “.

Es una trabajadora de correos que anhela el reencuentro con sus padres en Miami, y se ocupa mientras tanto de solucionar la vida de los demás, mediante una manía epistolar, imprimiendo en cada misiva ajena, su propio optimismo y convicción ante la vida. Nada a pesar de ser convincente por su casuístico parecido a Amélíe, de Jean-Pierre Jeunet, no logra alcanzar la misma altura artística que Memorias…, ni logra trasmitirnos simbólicamente los mismos mensajes de filosofía universal y amplia visión de nuestra realidad social, siendo Nada un filme osado, experimental, novedoso, selectivo y poseedor de nuevos y diversos matices.

Su bien lograda fotografía la hace más legible, combinando el blanco y el negro con una subjetividad visual de gran belleza plástica, como las secuencias en que Carla se desplaza entre las plantas, cual Bárbara de “El Jardín”, sublime y alucinante novela de Dulce María Loynaz, o la sumersión y emersión en la bañera como isla prendida a la vida por la espiritualidad de sus habitantes. Nada es llano a diferentes mensajes e interpretaciones. Es una ventana abierta a nuestra realidad social, como ecuación nata solo legible a sus habitantes.

En Nada como en Memorias…, la situación es la misma, un conflicto social parecido donde el hombre juega a ser Dios. A establecer el orden dentro del desorden. A decirnos que el sujeto es siempre el mismo, que los problemas se repiten de individuo a individuo y de generación a generación.

Nada ha pretendido lo que Memorias… pudo lograr e iniciar, una renovación dentro de la cinematografía cubana. Pero el Cine como todo arte es una realidad que se rige por leyes. La verdad no es absoluta, el hombre la crea con sus diferentes interpretaciones. Ninguna obra de arte es nunca la verdad final, pues ello sería la muerte del mismo. No obstante todo intento de hacer cine es siempre mejor que el que no se haga. Memorias… será siempre un paradigma del cine cubano. Nada quizás, desde su modesto intento de renovación, apuesta a que Nadie deje Nunca de pensar y amar el arte por la noble influencia que ejerce a la humanidad. FIN

Crónica de Roberto González Díaz